DROGADICTOS

DROGADICTOS

Editorial:
DEMIPAGE
Año de edición:
Materia
CUENTOS Y RELATOS
ISBN:
978-84-946175-1-5
Páginas:
187
Encuadernación:
Cartoné
Disponibilidad:
Disponible 24-72 horas

25,00 €
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Un certificado de mutante expedido en la República Federal de Alemania, el insomnio en un autobús de línea de la Costa Blanca, un testimonio comparado sobre la cocaína en Perú y en España, un vómito ancestral en la mexicana Sierra de Lobos, el hundimiento en el Valle de Sharon, un botellazo mortal a orillas del Caribe o una confesión en una pequeña editorial de Malasaña. Otra cosa no, pero si algo tienen las drogas es que son altamente sugestivas. Prueba de ello son los doce relatos que pueblan Drogadictos (Ed. Demipage), una antología de cuentos con los opiáceos y la literatura como patrón.

“No se trata aquí de hacer un repaso de las conexiones entre el proceso creativo y el uso de productos psicoactivos. Que cada cual desencadene su creatividad o su locura como bien entienda”, puntualizan los editores en el prólogo antes de dar paso a la farmacopea que nos tienen preparada. Un recetario diverso en manos de un puñado de escritores que recrean con maestría el consumo, los sinsabores y sí, también el gozo de vivir cuando el asunto en cuestión hace el pertinente efecto. “Consumimos drogas para encontrarnos bien, mejor o para no sentirnos mal. Esto quiere decir que el mundo está lleno de Drogadictos, personas que dependemos física o psíquicamente de una sustancia debido al consumo reiterado de la misma. ¿Te incomoda la primera persona del plural? ¿Tu caso es excepcional?”, inquieren al personal los responsables de esta edición.

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Una de las ilustraciones de Jean-François Martin que aparece en 'Drogadictos'
MADRID 06/03/2017 09:57 Actualizado: 06/03/2017 11:01 JUAN LOSA @jotalosa
Un certificado de mutante expedido en la República Federal de Alemania, el insomnio en un autobús de línea de la Costa Blanca, un testimonio comparado sobre la cocaína en Perú y en España, un vómito ancestral en la mexicana Sierra de Lobos, el hundimiento en el Valle de Sharon, un botellazo mortal a orillas del Caribe o una confesión en una pequeña editorial de Malasaña. Otra cosa no, pero si algo tienen las drogas es que son altamente sugestivas. Prueba de ello son los doce relatos que pueblan Drogadictos (Ed. Demipage), una antología de cuentos con los opiáceos y la literatura como patrón.

"El mundo está lleno de drogadictos, personas que dependemos de una sustancia"
“No se trata aquí de hacer un repaso de las conexiones entre el proceso creativo y el uso de productos psicoactivos. Que cada cual desencadene su creatividad o su locura como bien entienda”, puntualizan los editores en el prólogo antes de dar paso a la farmacopea que nos tienen preparada. Un recetario diverso en manos de un puñado de escritores que recrean con maestría el consumo, los sinsabores y sí, también el gozo de vivir cuando el asunto en cuestión hace el pertinente efecto. “Consumimos drogas para encontrarnos bien, mejor o para no sentirnos mal. Esto quiere decir que el mundo está lleno de Drogadictos, personas que dependemos física o psíquicamente de una sustancia debido al consumo reiterado de la misma. ¿Te incomoda la primera persona del plural? ¿Tu caso es excepcional?”, inquieren al personal los responsables de esta edición.

Sin mitomanías, huyendo de lugares comunes –tan habituales cuando se habla de narcóticos–, esta antología busca con la mirada legados adictivos como el de Baudelaire o Huxley, autores que tuvieron a bien entregarse a los estupefacientes y emprender viajes sustanciales con los que nutrir su literatura. Los editores citan a su vez a Escohotado como referencia en el ámbito hispanohablante: “Para muchos, personaje impertinente y molesto, y, para muchos también, gurú del cultivo del libre pensamiento y de la independencia de criterio, la que suponen los escritores a la hora de plasmar su obra”.

Un alijo literario que reúne algunas de las mejores voces emergentes y otras tantas ya consagradas. Nombres como el de Sara Mesa, Marta Sanz, Richard Parra, José Ovejero o Lara Moreno, y sustancias como el opio, la morfina, los tripis o el MDMA, todo ello trufado con unas ilustraciones transgresoras e inquietantes a cargo de Jean-François Martin. “La bandeja está servida, creemos que hay para todos, convencidos como estamos de que la aspirina y el espidifen son el caviar y el champán de cada mañana”, zanjan los editores a modo de de declaración intenciones.